Latin-Am-1024x440-1-618x338Hace sólo unos años, América Latina vivía un auge de las exportaciones de las materias primas y los analistas anunciaban la inclusión de las principales economías de la región —Brasil, Chile, Colombia y México— en el estrecho círculo de los principales países emergentes.

Esto ha cambiado. En general, América Latina ha sufrido un descenso del 14% de las exportaciones el año pasado, mientras que las naciones de América del Sur, en particular, sufrieron una caída aún más estrepitosa del 21% de sus exportaciones colectivas. El 2015 marcó el tercer año consecutivo de caídas, que se intensificaron y extendieron a prácticamente todas las naciones de la región, según el Banco Interamericano de Desarrollo (BID).

En respuesta a esta situación, LatinFocus Consensus Forecast con sede en Barcelona, España, ​​ha recortado la previsión de crecimiento del PIB de la región a sólo el 0,6% en 2016. “No hay señales de cambio en las tendencias de los precios de los mercados de las materias primas, y se espera que la desaceleración de la actividad económica prosiga en China y América Latina, “Según el BID, las dos únicas estrellas de la región son México y América Central, donde la fuerte demanda de Estados Unidos “podría añadir dinamismo a las exportaciones”, añade el BID. “Esta contracción del comercio, que es la peor desde el colapso de 2009, es una llamada de atención sobre la necesidad de implementar políticas de diversificación de las exportaciones”, dice Paolo Giordano, economista jefe de Integración y del Sector de Comercio del Banco y coordinador del informe.

Obviamente, para los países que dependen tanto de las materias primas, la caída de los precios de las mismas es preocupante, dice Mauro Guillén, profesor de Gestión de Wharton. “Para México y Colombia, la situación es mucho mejor porque tienen una estructura exportadora más diversificada por productos y dependen más de los Estados Unidos o Europa para sus exportaciones … Los Estados Unidos, en el contexto global, no lo está haciendo tan mal [desde el punto de vista económico]”.

El doble contratiempo

Felipe Monteiro, investigador principal del Instituto Mack de Wharton para la Gestión de la Innovación, explica que el crecimiento basado en materias primas que ha experimentado América Latina representa un doble contratiempo para la región. “No se trata de un comercio equilibrado y es también muy volátil, ya que se sostiene demasiado en los precios de las materias primas [que son volátiles]. Se beneficia de los años de crecimiento, pero también hay grandes momentos de depresión. Cuando las relaciones comerciales no son tan dependientes de las materias primas, estos precios varían de una forma mucho más limitada. Los precios de las commodities se mueven muy rápidamente, en una dirección u otra”.

Los países exportadores de petróleo han sido los más afectados por la fuerte caída de los precios. Según el BID, Venezuela (menos 49%) y Colombia (menos 35%) registraron las mayores tasas de contracción de sus exportaciones totales en 2015, medido en volumen de dólares, seguidos por Bolivia, Ecuador y Trinidad y Tobago. El Salvador y Guatemala fueron los únicos dos países donde las exportaciones aumentaron, debido a un fuerte repunte de sus envíos de azúcar a China. Las exportaciones totales de América Latina a China cayeron un 14%, mientras que las expectativas de un repunte de las exportaciones a los Estados Unidos fueron en su mayoría neutralizadas por la caída del valor del petróleo, que se tradujo en una reducción del 7% de las ventas a este país.

Walter Kemmsies, economista de Moffatt & Nichol, una consultora de desarrollo de infraestructuras, distingue entre las tendencias de la demanda de las commodities industriales y las agrícolas. Por un lado, las exportaciones de productos industriales incluyen commodities de la energía, los metales y los agregados. Las exportaciones agrícolas incluyen desde granos, semillas y azúcares hasta proteínas.

Con respecto a las exportaciones de commodities industriales, la demanda de mineral de hierro latinoamericano en China últimamente ha estado creciendo de forma más lenta de lo que las empresas mineras en países como Brasil, Chile y Perú habían previsto hace unos años. Kemmsies señala que “a nivel mundial, se ha emitido alrededor de US$ 4,5 billones en deuda durante los últimos tres o cuatro años para construir nuevas minas y las conexiones entre minas, puertos y ferrocarriles, mucha inversión [en] cosas que se producen [utilizando] mineral de hierro. Hace cuatro o cinco años, no había en Brasil capacidad suficiente de exportación portuaria disponible que pudiera manejar el tonelaje que era cuatro o cinco veces mayor que la cantidad total de tonelaje manejado en todo el mundo [en aquella época]. Fue entonces cuando [las empresas mineras y energéticas propiedad del multimillonario brasileño] Eike Batista saltaron por los aires, y él resultó ser el canario de la mina, literalmente”.

Las gigantes mineras globales como Rio Tinto y BHP “desbordaron su capacidad de inversión, y el crecimiento del consumo simplemente no fue suficiente para absorberlo”, añade Kemmsies. “Tenemos un desequilibrio entre la oferta y la demanda en el mineral de hierro. También lo tenemos en el cobre y muchos metales. Así que con el dólar cada vez más fuerte, y la demanda china de metales industriales cada vez más débil, los precios se han derrumbado”.

Por otra parte, señala, “el comercio agrícola sigue marchando a un ritmo decente. Esas partes de América Latina que dependen de las exportaciones agrícolas lo están haciendo bien. Pero las zonas que son dependientes de las materias primas industriales y la energía no están bien”.

Y añade: “Los precios agrícolas han bajado también, pero no hasta el punto al que han bajado los precios industriales. Antes de que China saltara a escena, el precio promedio de la soja era de US$ 2 a US$ 4 el bushel; pero el precio se disparó [hasta US$ 17] en 2012 y ahora ha bajado a entre US$ 8,75 a US$ 9,50. [Sin embargo,] si se compara el precio de la soja actual con el precio de hace 10 a 15 años, sigue siendo de dos a tres veces mayor. El petróleo vuelve a estar hoy en día donde estaba en el período 2004–2005”.

Brasil: múltiples incertidumbres

Para Brasil, el país más poblado y la mayor economía de la región, el nuevo año trae incertidumbre económica e inestabilidad política. Por un lado, la economía brasileña se contrajo la friolera de un 4,5% en el tercer trimestre de 2015 respecto al año anterior. La previsiones del Fondo Monetario Internacional para 2015, indican que el PIB de Brasil se habrá reducido un 3%, seguido de otro 1% en 2016. “[Brasil comienza] el año con mucha incertidumbre”, dice Monteiro. “Hay un montón de interrogantes”.

A finales de 2015, el ministro de Finanzas Joaquim Levy dimitió y fue sustituido por el ministro de Planificación Nelson Barbosa. Levy, que ocupó su cargo menos de un año, favoreció la austeridad fiscal y otras reformas diseñadas para hacer que la economía de Brasil fuera más competitiva. El mandato de Levy estuvo marcado por los constantes conflictos dentro del equipo económico del Gobierno. En 2015, la economía de Brasil se hundió en una recesión. Mientras tanto, la inflación se disparó a más del 10%, y la nota de crédito de la deuda del país fue rebajada al grado especulativo por dos grandes agencias de calificación de riesgo, Fitch y Standard & Poor’s. Levy apostó por un mayor superávit, mientras que Barbosa abogó por un margen menor de los ahorros para el próximo año.

La presidente Dilma Rousseff favoreció la posición de Barbosa, solicitando al Congreso reducir el superávit esperado del 0,7% del PIB hasta el 0,5%. Mientras tanto, Rousseff se enfrenta a acusaciones de corrupción a gran escala a medida que más información sale a la luz sobre las conexiones entre la petrolera estatal Petrobras y los políticos durante la época en que ella presidía el Consejo de Administración. En diciembre pasado, la Corte Suprema del país dictaminó que Rousseff no puede ser sometida a juicio político en virtud de los procedimientos actuales que pretenden destituirla de su puesto. Los jueces decidieron que se debe celebrar una nueva votación sobre el proceso de moción de censura, siendo el Senado el encargado de tomar la decisión final este año.

Brasil tiene un montón de problemas, señala Guillén, “pero el problema inmediato es que la inflación esté fuera de control. Con la economía en una profunda recesión, no está muy clara cuál es la salida. Los precios de las materias primas están estancados o, en algunos casos, continúan cayendo”. En Brasil, como en la mayoría de estas otras economías, dice, “el problema es que no se hicieron las inversiones que se deberían haber hecho durante los años de prosperidad, cuando las cosas marchaban bien, cuando había mucho dinero como consecuencia de la venta de commodities. Esa es la tragedia de todo esto”.

Monteiro añade: “Cuando miras a 2016, está claro que muchas de esas cosas que cabía esperar que hubieran sido [resueltas] siguen presionando. Y no hay claridad en cuanto al horizonte temporal [para acabar con] la parálisis política, a pesar de que el proceso de moción de censura se ha iniciado formalmente. No hay una indicación clara de cuál será el resultado final, o cuánto tiempo tardará”.

A pesar de estas incertidumbres, Monteiro advierte de que no se debe comparar las dificultades de la economía de Brasil con la vecina Argentina. Aunque ambos países hayan sufrido la caída de los precios mundiales de las materias primas, Monteiro señala que en Brasil “los sectores industrial y empresarial están mucho más diversificados, y se encuentran en una escala diferente”. Y añade que “mientras en Argentina el deterioro de la situación dura varios años, la buena noticia es que hay un poco de transparencia en cuanto al nuevo Gobierno [en el país]. Y es prometedor que [el presidente argentino Mauricio Macri] sea un tipo pro-empresarial, hay mucha esperanza en ese sentido. Pero la economía argentina se ha deteriorado mucho más [que la de Brasil]. Comparando Argentina con Brasil, sí, Brasil se ha deteriorado, pero está en un nivel diferente. No es un país que haya sufrido tanto como Argentina, que se ha mantenido fuera de los mercados financieros y ha impuesto grandes restricciones a las importaciones”.

Monteiro continúa: “Veo un lado positivo para cada uno de los dos países. Por un lado, la Argentina tiene … algunas nuevas esperanzas y nuevo Gobierno, pero la situación se ha deteriorado mucho más. En Brasil, esa esperanza todavía no existe; la gente no sabe exactamente lo que va a pasar”. Sin embargo, en términos de fundamentos, Brasil es una economía mucho más fuerte, añade.

Para Brasil, 2016 también ofrecerá una oportunidad agridulce por albergar los Juegos Olímpicos de Verano en Río, que tendrán lugar en medio de una coyuntura en que la económica de Brasil y la estabilidad política están en situación de riesgo. Incluso el impacto económico de los Juegos Olímpicos de 2016 ha sido ampliamente cuestionado en los últimos tiempos, debido a la desaceleración de la economía del país.

Guillén está de acuerdo con ese punto de vista, señalando que el estado de ánimo actual en Brasil es “muy pesimista” porque la inflación está fuera de control, y la Presidente tiene muy poco margen para persuadir a la gente para que se involucre en las reformas debido a que su nivel de aprobación es extremadamente bajo; menos del 10%. “La difícil situación económica está, en su mayor parte, impulsada por la fortaleza del dólar y los problemas en China”, señala. “A continuación, [también] está la situación política interna del país”.

Kemmsies señala que los fondos utilizados para la construcción de las instalaciones olímpicas hubieran estado mucho mejor empleados en la construcción de infraestructuras para carreteras, ferrocarriles, puertos y demás. Según Monteiro, los Juegos “tendrán una repercusión muy limitada” sobre la desaceleración económica del país. “Habrá algunos aspectos positivos, pero serán más para Río [de Janeiro]. [A diferencia de la Copa del Mundo de 2012], los Juegos Olímpicos se conceden a una sola ciudad, por lo que el evento está muy concentrado en un lugar. La esperanza es doble: Por un lado, en cuanto a las infraestructuras van a estar ahí después de los Juegos, Río se va a beneficiar. Y para Brasil, que está sumida en tantas malas noticias, estoy seguro de que llegará el momento en que el país se una ante el evento. Esperemos que para entonces, tengamos más claridad [sobre la situación política]. Pero yo no apostaría tanto en la idea de que los Juegos Olímpicos de alguna manera compensen los efectos negativos” de la crisis actual.

Incluso Chile, otra estrella en ascenso entre las naciones emergentes durante los años de prosperidad, ya no disfruta de una situación apacible, señala Guillén. “Chile solía ser un país que marchaba relativamente bien, pero eso fue, hasta cierto punto, una ilusión. Ellos confiaban en los altos precios de las commodities. Por eso, Chile no está en una situación mucho mejor que los demás países”, dice, a pesar de su diversificación en la producción de los vinos de alta calidad y las frutas que envía a Estados Unidos y otros mercados extranjeros.